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Árbolómetro
Tema

Isla de calor urbana

La isla de calor urbana es uno de los efectos más visibles de cómo construimos las ciudades. Entenderla es el primer paso para diseñar calles que protejan del calor en lugar de amplificarlo.

Por qué la ciudad se calienta más

Los materiales urbanos —asfalto, hormigón, ladrillo— son oscuros y densos: absorben gran parte de la radiación solar durante el día y la van liberando como calor durante la tarde y la noche.

A esto se suma la escasez de vegetación, que en el campo refresca el aire mediante la evapotranspiración, y la geometría de las calles, que atrapa el calor entre fachadas y dificulta su disipación.

El impacto en la salud y el confort

La isla de calor es especialmente intensa por la noche, cuando la ciudad no consigue enfriarse. Eso impide el descanso y agrava el riesgo durante las olas de calor, sobre todo para personas mayores, niñas y niños y población vulnerable.

En las horas centrales del día, las calles sin sombra pueden volverse intransitables, vaciando el espacio público justo cuando más se necesita.

Cómo la reduce el arbolado

Los árboles actúan en dos frentes: dan sombra, que rebaja drásticamente la temperatura radiante media y la del pavimento, y transpiran agua, que enfría el aire de su entorno.

Aumentar la cobertura arbórea hasta el entorno del 30–40 % por barrio es una de las medidas más coste-eficientes para mitigar la isla de calor. El Árbolómetro te ayuda a estimar ese efecto en tu propia calle.

Estima cuántos grados menos tendría tu calle con árboles.

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